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Historia de Hiendelaencina

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Orígenes
1269 - 1840
1840 - 1915
1916 - Actualidad

Entorno

Hiendelaencina se encuentra en el extremo nororiental del Sistema Central en su punto de encuentro con la Cordillera Ibérica.  Está enclavada en el Parque Natural de la Sierra Norte de Guadalajara que se extiende por el noroeste de la provincia de Guadalajara con una extensión de 117.898 donde se encuentran el Hayedo de Tejera Negra (uno de los hayedos más al sur de la Península Ibérica), el Macizo del Pico del Lobo-Cebollera (Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA)), la sierra de Ayllón de clarada Lugar de Importancia Comunitaria (LIC), la Reserva Nacional de Caza del Sonsaz y la Reserva Fluvial del río Pelagallinas.

Por sus características geomorfológicas es un territorio duro, abrupto y seco, con una vegetación de robles melojos, encinas y arbustos como tomillos, rosales silvestres y jaras, que resiste las inclemencias climáticas de inviernos fríos y veranos calurosos (clima continental seco) y vegetación de ribera, sauces y chopos en las orillas de los ríos y arroyos.

Esta orografía es la que configura un núcleo pequeño de escasa importancia en cuanto a población y recursos, ligado en su historia a los avatares de la villa de Atienza, que en 1085 es  incorporada a la corona de Castilla por Alfonso V. 

La primera vez que aparece un documento con el nombre de “Loin del Encina” en  el año 1269 cuando queda adscrita al Común de Villa y Tierra de Jadraque, en su Sesmo del Bornova. En 1434 este Sesmo es entregado por el rey Juan II como regalo de bodas al magnate don Gómez Carrillo con María de Castilla junto con la villa de Jadraque “veintiocho lugares poblados y veintidós yermos situados en el término de Atienza”. En 1469 pasa a ser propiedad del Gran Cardenal Mendoza, de cuyo linaje dependerá hasta finales del siglo XIX.

En las Relaciones Topográficas de Felipe II de 1581 se nombra como “Allende La Encina” con 23 vecinos y se describe como una aldea muy pobre, con casas de piedra y tejados de pizarra, y cuyos habitantes se dedicaban a la ganadería y a la labranza para consumo propio. No se definen vecinos con oficios relevantes. La iglesia ya estaba dedicada a Santa Cecilia y también se guardaba devoción por San Sebastián y Santa Quiteria.

Dos siglos después, en la documentación aportada para el catastro del Marqués de la Ensenada, el 16 de agosto de 1752 se contesta a las 40 preguntas por parte de Andrés de Lamo (alcalde), Esteban del Olmo y Pedro Cortezón como autoridades municipales, confirmando la certeza de las respuestas. Así s e corrobora que existían labrantíos dedicados al cultivo del cereal, pequeños huertos en los fondos de los valles (arroyo de la cal, Vallejo, Diógenes), muchos de ellos cercados con muros de piedra que alternan con grandes lajas de piedra clavadas en la tierra (hincaderas).  Esta actividad se completaba con la ganadería de ovejas y cabras pastando las zonas más abruptas y con  algunas colmenas.

Responden, nombrando “Yendelaencina” villa de Jadraque con 37 vecinos, 9 viudas y 4 menores, 38 casas habitadas, 30 pajares, 20 casillas para el ganado y 41 colmenas. Sin párroco, ni médico ni boticario. La única tienda era una taberna. No se declaran minas ni salinas, la única industria era un molino harinero en el Bornoba (el molino  de Zarzuela)”

En el catastro aparecen apellidos como Palancares, Cuenca, Criado, del Olmo, de Marco, Bodega…. apellidos que llegan hasta la actualidad.

Las actividades agrarias y ganaderas que se llevan a cabo durante estos siglos hasta el descubrimiento de las minas de plata  modelan su paisaje: la agricultura es de subsistencia, los terrenos no son de buena calidad y son quizá más aptos para la ganadería de ovejas o cabras que pastan por las zonas más pendientes de su territorio. Todavía podemos encontrar muchas casillas en uso (llamadas tainas o parideras) y declaradas BIC (Bien de Interés Cultural) para guardar el ganado con sus rediles o corrales, realizadas con la piedra del lugar y con las mismas características arquitectónicas que encontramos en la zona más antigua del pueblo.

El descubrimiento de las minas de plata se produce en 1844. Pedro Esteban Gorriz, agrimensor y dedicado a medir los montes de la zona, era   aficionado y conocedor de la mineralogía , encuentra el filón rico en la zona de Cantoblanco y consigue formar la primera sociedad para su explotación, “Santa Cecilia”. Hiendelaencina deja de tener una historia anónima y se convierte en protagonista. De los 200 habitantes anteriores al descubrimiento se pasó a cerca de 5.000 habitantes (censo de 1857): junto con los mineros llegan comerciantes, albañiles, herreros, mecánicos, farmacéuticos, médicos… la estructura del pueblo cambió y paso de ser un pequeño pueblo ganadero y agrícola a ser un centro industrial y con ello también cambio su urbanismo. Se busca la planicie para crear una zona con grandes plazas y calles más rectas, edificios de dos o tres plantas con vanos regulares cuyas funciones no solo eran viviendas sino tiendas, casinos, posadas….

Sobre estas fechas viaja hasta Hiendelaencina el científico austríaco Heinrich Moritzs Willkomm, quien describe este cambio así:

Desde ese momento la situación de los habitantes de Hiendelaencina cambió. La rápida localización de las siguientes menas favoreció en poco tiempo la instalación de una magnífica fábrica de amalgamación en el valle del Bornova. Algunos accionistas, como Órfila se asentaron en Hiendelaencina, y como las míseras chozas del pueblo no ofrecían un espacio habitable ni para ellos ni para los empleados de la mina, se construyeron nuevos edificios. De esta forma no sólo los habitantes de Hiendelaencina sino también los de los pueblos vecinos encontraron una ocupación duradera y remunerada, unos como mineros u obreros siderúrgicos, otros como braceros en la construcción, o como arrieros para el transporte del material de construcción, de los aperos, los minerales y de los alimentos. Junto a las míseras chozas de gneis se levantaron pronto edificios espléndidos y es de esperar que dentro de una década, en estas calles estrechas, retorcidas y sucias, formadas por chozas bajas de piedra negra, discurran calles uniformes con edificios modernos, y que en lugar del antiguo pueblo mísero, se despliegue una respetable ciudad. Antiguamente había en esta meseta desierta una vida muy animada. En las calles del pueblo original apenas se podía andar de la cantidad de procesiones de animales de carga y de gente que iba y venía; en la parte de arriba del mismo, en el norte, se trabajaba en la construcción de una iglesia, que iba a llenar la parte aún vacía de una gran plaza regular. Enfrente de ésta se levanta una enorme posada, donde con mucho esfuerzo pude encontrar alojamiento; otra parte de la plaza esta decorada con la espléndida casa Órfila, que con sus alargadas hileras de ventanas y sus persianas verdes parece un palacio al lado de las minúsculas chozas de gneis”.

Las sociedades que explotaban las minas crecieron en número y no todas alcanzaron los beneficios esperados, el número de pozos se extendió por todo el término siguiendo la dirección suroeste-noreste del filón rico… Y la pérdida del filón rico debido a las fallas y fracturas de terreno redujo la producción de plata y por consiguiente el abandono de los trabajos de explotación y la disminución de la población. Cinco etapas distintas reconoce Antonio López Gómez, en su estupendo trabajo “El distrito minero de Hiendelaencina (Guadalajara), alternando las etapas florecientes con las de decadencia.

  • 1845-1870 primera etapa de florecimiento: Santa Cecilia, San Juan de la Cruz, La Perla, La Fortuna, Santa Teresa, La Suerte, La verdad de los Artistas, El Relampago, San Carlos, Trillana, Vascongada, Laura y Argangel. Es el periodo más importante en cuanto a los cambios estructurales en la sociedad: mayor número de varones jóvenes sin cargas familiares (67,4% de mineros muertos solteros) La falta de seguridad en el trabajo y de maquinaria concentran desde 1851 a 1860, el 53,20% de las muertes producidas por accidente. Se crea la fábrica de la Constante para conseguir el beneficio de la plata.
  • 1871-1888 primera etapa de decadencia: labores realizadas a mayor profundidad y hay una reducción del mineral extraído. La mayor producción procede de los materiales antes desdeñados en los interiores de las minas y de las escombreras (participación de mujeres y niños en estos trabajos de rastreo del mineral) Hay en este periodo una falta de inversiones y de estudios: se busca un beneficio rápido y generoso. A partir de 1885, Bontoux, banquero francés, que forma el grupo “Nueva Santa Catalina” (S. Catalina, Valenciana 1 y 2, Perla, Suerte, Fortuna y Santa Cecilia) descubre “una zona espléndida, la cual produjo al banquero más de 20 millones en 7 años”. Es en esta fecha cuando en el Bornova se instala una turbina para generar electricidad para las máquinas de aire comprimido que empiezan a usarse en la mina de Santa Catalina.
  • 1889-1897, es el periodo de los beneficios de Bontoux.
  • 1903-1915, tercera etapa de florecimiento. Nueva alza en la extracción de plata. En 1900 se construye otra central hidroeléctrica, La Plata, para el uso de perforadoras de aire comprimido en Santa Teresa.
  • 1916-1925, decadencia final. Disminución de la extracción de plata, debido a la falta de filones con buenos beneficios y la retirada de capitales extranjeros con la 1ª Guerra Mundial. La sociedad de Minas de Plata de Hiendelaencina, creada en 1918, cierra definitivamente en 1926.

En la década de los años c uarenta del siglo XX se vuelve a abrir la mina de Santa Teresa y continúan las prospecciones en San Martín y San Carlos hasta que los resultados fueron negativos y los trabajos terminaron. Volveremos a ser un pueblo agrícola y ganadero con un pequeño comercio de primera necesidad: farmacia, estanco, herrería, un par de tiendas, tabernas…. La presión demográfica sobre la tierra es grande, a pesar de la pérdida de habitantes durante el primer tercio de siglo: la emigración a las grandes ciudades (Madrid y Guadalajara principalmente) nos deja a finales del siglo XX con la misma cantidad de almas que vivían justo antes del descubrimiento de las minas de plata.

A finales de siglo, una empresa de Murcia abre un lavadero para procesar las escombreras de mineral desechado al pie de los pozos, creando una nueva escombrera o presa de secos en San Carlos. 

Nuestro futuro es ampliar las instalaciones del actual centro de interpretación con el acceso a una de las galerías de la mina Santa Catalina.

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